El autoengaño de la audiencia en Internet (II). Intentando medir por visitas
Lunes, Diciembre 10th, 2007
Tal y como veíamos en el primer artículo de la serie, la medición por hits y por páginas vistas se mostró pronto ineficiente por múltiples causas, aunque en el caso de las páginas vistas sigue vigente hoy en día como una unidad de medida más. Las páginas vistas son una medición que sirve, combinada con otras, para poder intuir el grado de fidelización de los usuarios a un sitio web (un tema sobre el que volveremos en próximos artículos) o para calcular el inventario publicitario que puede tener un medio online.
El caso es que las páginas vistas no eran suficientes por sí solas, y así surgió el concepto de “visita”. Se produce una visita, y se contabiliza como tal, cada vez que un usuario se conecta a un sitio web. En esa conexión pueden hacerse una o mil páginas vistas, pero cada vez que el usuario se conecta se produce una visita más.
Obviamente esta unidad de medida requiere una convención básica: ¿cuánto tiempo ha de pasar para que dos conexiones del mismo usuario realizadas en un periodo de tiempo corto sean consideradas como visitas distintas? Dependiendo de qué convención se tome, el dato de visitas tendrá más o menos validez, y se aproximará más o menos al dato de páginas vistas o al de usuarios únicos. Lo normal es que tras 30 minutos de inactividad se considere una nueva visita. Así, OJD define la visita en sus nuevas normas como: “una secuencia ininterrumpida de páginas servidas a un usuario válido. Si dicho usuario no realiza peticiones de páginas en un periodo de tiempo (30 min) la siguiente petición constituirá el inicio de una nueva visita”.
Esto de las convenciones lo malo que tiene es que si de repente se decide cambiar, los datos de todos los jugadores del mercado cambian radicalmente de un día para otro. Y que si los sistemas de medición existentes tienen convenciones distintas, el dato de visitas no podría ser comparable.
Pero medir por visitas también tenía problemas más graves. El más importante de todos era el hecho de no poder comparar esta forma de medir con el resto de medios de comunicación. En la televisión no se tiene en cuenta el número de veces que un televidente enciende el televisor o las veces que cambia de canal para “visitar” una determinada cadena. Tampoco existe nada similar en la radio y desde luego tampoco en periódicos y revistas.
Así que esta convención de las “visitas”, que podía tener sentido para la Red, tampoco servía cuando te enfrentabas a clientes publicitarios acostumbrados al lenguaje del resto de medios. Por tanto, las visitas pronto fueron arrinconadas para darle mayor relevancia a otra unidad de medida: era necesario medir Internet igual que lo hacían el resto de medios. Así que la Red empezó a medirse por personas. O algo similar, como veremos en el próximo artículo de la serie.
Primer artículo de la serie: El autoengaño de la audiencia en Internet (I): los magos de las páginas vistas
Próximo artículo de la serie: El autoengaño de la audiencia en Internet (III): ¿un navegador único es una persona única?
